POR UNA EUCARISTÍA EN SALIDA

“LA EUCARISTÍA COMO MEMORIAL”


Queremos compartir con todos los interesados, la experiencia de un fin de semana de un grupo compuesto por laicos de Guipúzcoa, y Madrid. Todos ellos pertenecientes al “Camino Contemplativo”.

Intuimos, como nuestras familias Eymardianas, la capacidad transformadora de este sacramento, en bien de nuestra sociedad e Iglesia. El “memorial”, ciertamente, es un elemento clave. Se trata de una memoria real, re-presentación o nueva presencia de lo que se conmemora, un acontecimiento históricamente ya pasado, pero que se hace actual al comunicar de manera eficaz su potencial salvífico.

Aprovechamos la celebración eucarística del 25 de setiembre. Nos apoyamos, principalmente, en el salmo responsorial y el texto del evangelio (el rico Epulón y el pobre Lázaro).

En este ejercicio DIOS SE ACUERDA: que algo hizo y que lo puede repetir de manera eficaz en la vida de su pueblo (el “Señor nos abraza”, “nos ama”, “nos sostiene”, “nos acompaña”, “nos da su paz”, “es nuestra luz”…).

La “memoria de Dios” implica, también, su parecer sobre las acciones humanas (“por qué no vemos, porque nos movemos por unos sentimientos”, “actuamos desde el “deber” y no “desde el ser””, “podemos ayudarnos más abriéndonos los ojos”…), en qué se puede mejorar ( “no es preciso esperar a la otra vida”, “hay una tendencia hacia el dinero, ponemos la seguridad en las riquezas” …)

El HOMBRE cuando se acuerda de las acciones realizadas por Dios, responde con fe y agradecimiento (es “mi maestro”, “me cuida”, “es paciente”, “con Él voy haciendo camino de esperanza”).

En adelante, realizar el memorial es actualizar el acontecimiento del pasado y anunciar en la esperanza nuevos hechos de salvación (“vivir sin miedo a perder”, “opción por lo pobres”, “tomar conciencia de que necesitamos del otro”…).

Teníamos una sensación de no aterrizar en algo concreto. Y, he aquí, que dentro de la misma celebración eucarística, surgió la sugerencia posible de interiorizar, conocer, concretar algunos elementos de la encíclica “Laudato sí”. Pero fue, después de la celebración cuando surgió el visto bueno a lo que se  había propuesto.

Resultó una experiencia interesante.

José Cruz Igartua


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