CONQUISTA O REGALO

CONQUISTA O REGALO

Cuando alguien quiere conseguir algo importante, nos dice a los “funcionarios de lo religioso”: “reza, porque estás más cerca de Dios y Él seguro que te hace más caso”. Es una realidad muy normal pensar que los que se dedican a algo por vocación, serán brillantes en eso. Pero también solemos decir: “en casa del herrero, cuchillo de palo”.

Y la vida, de una manera insistente, nos dice que esto es así. Y, sin embargo, nos cuestiona muy poco. Cómo es posible que personas dedicadas a un “salirse de sí mismas” (que esto es rezar) seguimos tan inmaduros, egoístas, e individualistas muchas veces.

En una de las muchas situaciones del Camino, sentí que, en aquella, la meditación me “había salido bien”. Ya sabía cómo hacerlo para que la “cosa” funcionase siempre así. Todo estaba asegurado.

Pero, he aquí, que al día siguiente, la “cosa” salió como el día anterior al anterior. O sea, como casi siempre: gris. Vaya chasco. Cuando sientes que dominas algo, y que lo puedes verificar cuando te dé la gana, y resulta que, simplemente, veinticuatro horas después, ya no hay nada de lo que deseabas, se te rompe el esquema.

Cuando viví la primera introducción a la meditación zen, hubo una frase que se me quedó  clavada: “aceptar lo inaceptable”. Y es esa la que me vino al pensamiento. Hay que seguir adelante, aún cuando las cosas no salen como uno quiere.

Que, dicho así, requiere un grado de disponibilidad incondicional bastante grande. A las duras y a las maduras, hay que seguir caminando. No hay otra.

Qué distinto a lo que la mayoría de las veces solemos pensar y admitir.

El entrar en esta forma de ver las cosas, no nos costará admitirlo, supone un cambio en nosotros de 180 grados. Me gusta recordar la actitud del agricultor. Todos los días sale al campo a desarrollar su trabajo. Unos, le pueden parecer mejor que otros. Pero, siempre sale. Lo mismo que el árbol, está tieso haga el tiempo que haga. El desarrollo de esta actitud, va haciéndonos, cada vez, más disponibles, más incondicionales. Y toda esta práctica va cambiando nuestro talante.

Lo mismo que, cuando simplemente estamos, si algo nos duele, cambiamos de postura. Y resulta que durante la meditación, si el dolor se hace presente, cambiamos no de postura, sino de “punto de atención”. No nos centramos en el dolor, sino en la respiración. Y, como se dice: “que salga el sol por Antequera”. Y todo esto nos configura, nos hace, nos capacita, nos cambia.

Pero hay más, todavía. La vida es la oportunidad de recibir y disfrutar lo que solemos llamar “regalos”. El regalo es algo que se te da gratis. No lo esperas, ni lo ganas. Se te concede. Por eso, un día lo recibes, y, otro, no. En un momento lo gozas, y, en otro, no.

Y esto por qué. Porque en la trayectoria hacia la interioridad tenemos que contar con una dimensión que, nos puede sorprender, que es la “gracia”. En este momento, no queremos que esta palabra tenga ninguna connotación religiosa. Pero sí te invito a que entre en tu diccionario anímico, sentimental, profundo, espiritual. La “gracia” es algo gratis. Algo que está por encima de esta manera de funcionar nuestra: “yo te llamo, luego tú me debes una llamada”. “Yo te felicito, luego tú me tienes que felicitar”. Etc.… Esta mentalidad es propia de los mercados.

En el Camino espiritual contamos con otra dimensión: lo bello, el arte, el sentimiento, la gratitud, el amor, la naturaleza, la cercanía, etc.… Sentimientos muy frecuentes, pero no por eso baladíes. Tienen su por qué y su para qué. Y su telón de fondo, que no es mecánico, sino vital. No somos máquinas en las que hay funciones que se dan de manera automática o programada. Somos, más bien, procesos que se desarrollan. Tienen su terreno, sus condiciones, su ritmo, en definitiva, su crecimiento. Y la “consciencia”, presente y actuante en todo momento. En un ambiente de relación con todo el “cosmos interno”. No tenemos que olvidar que somos un Fondo en el que “nos movemos, vivimos y existimos”. Y no somos sus dueños. En todo caso y en la mayoría de las veces, unos agraciados. Más bien, somos criaturas regaladas por esa Fuente de Vida que nos ha dado el ser. Nuestra responsabilidad consiste en no obstaculizar el desarrollo esencial al que se nos invita. Y cuando seamos así, lo único que podremos decir será: “no tenemos ningún mérito. Hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

Que nada. Seguimos adelante. Y que la suerte nos acompaña más de lo que pensamos.

José Cruz Igartua

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