XVI ENCUENTRO CON JESÚS MAESTRO INTERIOR

No confiar en vuestros méritos, sino en la misericordia de Dios



I N T R O D U C C I O N

Hoy vamos a tener como texto de inspiración y aprendizaje, “El fariseo y el publicano”(Lc 18, 9-14). Todos recordamos que es un pasaje que acontece en el tempo. En efecto, se trata de dos personas “tipo” que se movían en tiempo de Jesús. El fariseo era orgulloso. El otro, el publicano, humilde. Éste sale de la oración en amistad con Dios. El segundo, lleno de sí mismo. Ni Dios pudo entrar en él.

Viene el Maestro y, con esta anécdota, nos ofrece una enjundiosa y completa obra de arte.

Se trata de la oración? De la vida? De las dos? Mirando al texto, se podría afirmar cualquier cosa. Pero acercándonos desde el testimonio que procede de un Maestro, tendríamos que decir, que esta parábola se podría encuadrar en

“EL ARTE DE VIVIR”.

Creemos que todo caminante en sus comienzos sentía y pensaba que lo más importante era la práctica de la meditación. Ese era el deseo primero. Y creíamos que, si se realizaba bien, teníamos mucho ganado.

Hasta que, por un lado o por otro, en una ocasión u otra, caímos en la cuenta de que sólo una práctica bien hecha, no era suficiente. Se trata de que “toda la vida” tenía que ser “testimonio práctico”.

Esta es una sorpresa, que  los asiduos de tal Maestro, tenemos la suerte de disfrutar hoy.

El Maestro no es el hombre de parcelas; él, dado el grado en el que se encuentra, siempre se “ilumina” con conjuntos, elementos relacionados, intercoloreados, formando una unidad.

Cuando piensa en la vida, que es lo suyo, no puede sino contemplarla en conjunto, en algo que afecta absolutamente a todo. Entremos.


A M B I E N T A C I O N

TEXTO DEL EVANGELIO: Lucas 18, 9-14

Comenzamos nuestra interiorización recorriendo en los dos personajes, de manera simultánea tres aspectos:

  • Lo que hace referencia a su estilo de vida
  • La repercusión o efecto que tiene en cada uno en su manera de vivir
  • La propuesta que el Maestro nos hace en cada uno.

V I D A

De manera diferente a lo que muchas veces pensamos, en todo cuanto existe , incluido el ser humano, cualquier punto nos puede

transparentar muchos detalles de la manera de ser y vivir.

En nuestro caso, cuando uno va al templo, no solo va a un lugar sagrado, a realizar una acción religiosa, sino que en ese hecho se van reflejando los matices, las características todas de esa persona. Su sexo, su edad, su religión, sus actitudes, su posición económica, etc…. Aquí, también podemos decir aquello de: “dime cómo rezas y te diré cómo eres y más”.

Por eso, al pararnos en la manera de proceder de cada uno de ellos en el templo, vamos viendo detalles sobre el resto de sus vidas.

El fariseo:

. Era SUPERIOR (“no soy como los demás”), mejor, humillante (“ni como ese publicano”).

. Era CUMPLIDOR: (ayuno dos veces; pago el diezmo).

. SE ADORABA A SÍ MISMO.

El publicano:

. SE AVERGONZABA DE SÍ MISMO (“se quedó atrás”).

. se sentía INDIGNO (“no levantaba sus ojos”)

. SE DESPRECIABA (“se golpeaba el pecho”).

. MALA PERSONA (“soy un pecador”).

EL EFECTO PRODUCIDO EN CADA UNO

Se suele decir que, cuando uno tiene un tik nervioso, difícilmente se puede quitar. En todo caso, se podrá limitar su ritmo o número de ejecución.

En esta línea, cuando uno en su vida desarrolla de manera sobresaliente unas actitudes determinadas, esa práctica le van configurando, se hacen “carne” en él o ella.

Por eso, en el camino interior se hace hincapié muchas veces en el control a cierto tipo de pensamientos, reacciones, deseos, en definitiva, a todo lo que hace referencia al ego, para que no aumente ni se instale en la persona de manera, cada vez, más definitiva y profunda.

El fariseo

. Se tenía por JUSTO.

. DESPRECIABA A LOS DEMÁS.

El publicano:

. Se sentía PECADOR.

. Era COHERENTE en su petición (“Dios mío, ten compasión).

LO QUE DIOS NOS SUGIERE QUE PRACTIQUEMOS

En los evangelios hay unas afirmaciones que nos pueden ayudar a tener una actitud vigilante sobre lo que habitualmente pensamos o proyectamos: “Vuestros pensamientos, dice Dios, no son mis pensamientos. Vuestros caminos, no son mis caminos. Vuestros planes no son mis planes”.

Cada uno damos el fruto del “árbol que somos”. A veces acertamos, y otras, no. Y esto funciona así en el templo, fuera del templo, en la vida en general.

Por eso que decíamos al principio, que Jesús quiere enseñarnos el “Arte de Vivir”.

El fariseo

. “No salió justificado por Dios”.

El publicano

. “Bajó a su casa justificado por Dios”.

El término “justificado”, por toda la educación que hemos tenido, nos puede hacer pensar en  justicia de qué, en qué sentido. Pues llana y simplemente, se trataría de dar el visto bueno al talante expresado en la “vida” de cada uno de los personajes.

El talante del fariseo no es verdadero, no testimonia, no refleja la verdad del individuo . Dios ama la verdad. No importa tanto si es sobre algo bueno o malo. Lo que, sobre todo valora es que es verdadero.

Sin embargo, el publicano, expresa, manifiesta su conciencia de cómo es. Es un desastre, pero lo reconoce. Dice la verdad. No importa si el contenido de esa verdad es buena o no. Lo que Dios valora es que “es así”.

Cuando Jesús está en la cruz y dijo aquello de: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Dijo la verdad. Y todos estamos de acuerdo en que “la verdad nos hace libres”.

Un pequeñísimo detalle: el publicano “BAJÓ a su casa justificado por Dios”. Mientras el fariseo, pensaba que se instalaba en lo ALTO del templo.

El publicano no construyó una casa en “lo alto”. Bajó a la casa real, la verdadera, la de abajo. Pero no se avergonzó por ello. Entendió el amor de Dios por encima de todo. Eso es lo que Dios ama: no lo que nos gustaría ser, sino lo que, de verdad, somos. Y que nos pongamos en camino desde donde estamos y lo que somos.

José Cruz Igartua

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