ERASE UNA VEZ

He ahí una expresión que la hemos utilizado muchísimas veces, y ahora, que la tenemos a la vista, adquiere unas cuantas y sugerentes luces de inspiración.

Así se empiezan, normalmente, los cuentos. Esas historias que, a lo mejor, nunca han ocurrido, pero revisten, en el momento, una capacidad iluminadora.

También, la expresión que nos ocupa, puede hacer referencia a algo que, sí ocurrió, que se dio, pero ya estamos en otro momento. Algo que fue, pero, ya, no. Este matiz es el manantial que motivará las líneas que vienen.

Como decimos: “Erase una vez”. Un señor que, debido a una enfermedad en su infancia que le imposibilitó el poder caminar con normalidad, se habituó al uso permanente de dos muletas. Comenzó con ellas a tan temprana edad, que casi las vivía como incorporadas a su cuerpo. Era, también ellas. Hasta el punto que las sentía como “normales”, como compañeras para, absolutamente, poder proceder correctamente ante cualquier circunstancia que se presentase. Casi, no le sobraba nada, ni tampoco le faltaba.

Llegó el día en que sus padres ancianos le sugirieron la posibilidad de intentar desenvolverse, poco a poco, sin ellas. Con los años, sus músculos se habían reafirmado; y, posiblemente, con un suave de ejercicio, podían ir adquiriendo, poco a poco, una mayor estabilidad.

Nuestro amigo comenzó a pensar en todo lo que, sin las muletas, le iba a faltar. Aquello con lo que no iba a poder contar. Veía limitaciones por todas partes. Pero se sintió frente a un serio dilema: “o sigo así para siempre, o me arriesgo a seguir la propuesta de mis padres. Que si me la hacen, es porque creen que me sentiré mejor y con más capacidades de desenvolverme en mi vida”. Lo probó y se convenció. El temor se fue diluyendo a medida que el tiempo pasaba.

Y ¿nosotros? Sin darnos cuenta, hemos vivido muchos siglos utilizando “estabilizadores”, “protectores”, “normas”, “orientaciones”, “criterios”, etc… Con ellos nos hemos sentido arropados.

Pero, también es verdad, que ahora nos sentimos “capaces”, “con un conocimiento en crecida”, con una “conciencia que nos sitúa realmente en medio de todo”, con una capacidad de “dar con la luz”, con unos “impresionantes ríos que posibilitan nuestra relación a todos los niveles”, etc..

Como nuestro personaje, podemos experimentar el vértigo: pasar de una situación a nuestra medida, donde todo estaba claro y, casi todo controlado, con todos los protocolos formulados, a un tsunami mundial que, precisamente estos días, no nos ha ofrecido su mejor cara. Pero sabemos, porque nuestra talla da de sí para eso, que ese horizonte cósmico es portador de millones de “soles” posibles.

Estamos empezando en la nueva andadura. Mucho de lo de antes no nos sirve. Pero lo “sabio” de lo de antes nos está afianzando de que lo “nuevo” está ahí, en nuestras manos, a punto de ser estrenado.

Esta es la aventura que compartimos con vosotros, apenas hemos empezado, para vivir juntos un tiempo lleno de esperanza. A nuestro lado los tenemos a los de hace “mucho tiempo” (los llamados antiguos), a los de “hoy mismo” (todos nosotros), a todo lo cósmico “no nacido” (como semilla bajo tierra, oculta pero viva), y, sobre todo, a la Fuente de donde todo esto viene y todo va. Unidos.

2 comentarios

  1. Pepa Prado Moral

    Muchísimas gracias tu,siempre sorprendiendome. Que suerte, tenerte cerca y al grupo que formamos como una gran familia. Todo gracias a ti.

  2. Maria Jose

    Que adecuada la metafora de las muletas, cuantas veces necesitamos un apoyo una ayuda en un momento puntual, y la incorporamos como algo mas nuestro, haciendonos un poco dependientes y si no nos paramos a pensarlo, dependemos de ello toda la vida, sin atrevernos a volar. Andar sin muletas al principio da vertigo…pero pudiendo…merece la pena no solo soñarlo sino hacerlo realidad…

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