LA AYUDA: SI, ESO: BIENVENIDA

Cuando un escrito lo queremos empezar con un título, a veces, resulta más difícil y complejo, que si lo comenzáramos narrando cómo nació.

El contenido de estas líneas, es una continuación de lo que hemos venido proponiendo en intervenciones anteriores. La última: “Empezar: es posible”. Para dar consistencia a este pensamiento, acuden en nuestra ayuda reflexiones, argumentos, estrategias diversos. Y, pensamos que, cuanto más sólidos, tanta más luz nos van a ofrecer. Pues bien, queremos ahora posibilitar una “manera diferente” de concebir, de ver las cosas. De tal forma que, donde antes veíamos “cuatro” (en dos y dos), por ejemplo, ahora podemos afirmar que los resultados de la operación pueden ser múltiples. “Dos y dos pueden ser casi cualquier cosa. Al menos, más cosas que, simplemente, cuatro”.

Para sentirnos animados y capaces de “empezar porque es posible”, nos parece importante desarrollar en nosotros un “nuevo enfoque”, una “nueva visión”, una más “sublime sensibilidad”.   

Iba, en una ocasión, en un autobús público. Había salido de una práctica de meditación zen. Me senté. Y, a mi lado, se puso una joven que, muy pronto, abrió un libro y se puso a leerlo. Le eché un vistazo, y vi que, en una de sus páginas, aparecía un dibujo de una persona (por el atuendo) árabe. Un árabe, la meditación zen, podían  pertenecer a la cultura oriental, pensé. Llevaba conmigo una hoja con fechas de cursillos orientados por mi maestra. Me dije: “igual le puede interesar algo de esto”. Me lancé, y la pregunté: “Oye, perdona, viendo el libro que lees, he pensado que, igual, te sería interesante la información de esta hoja sobre prácticas de meditación zen”. Ella me contestó: “Ah, no. Leo este libro por la traducción al inglés que tiene”. Me quedé un poco cortado. A los días, compartí con mi maestra lo que me había ocurrido en el autobús. Y le dije: “vaya ridículo”. Y ella me respondió: “no sabes a dónde llegó lo que tú hiciste”. Como queriendo decirme: “Tú lo sentiste como un fracaso. Pero, a lo mejor, de tu gesto surgió cualquier otra posibilidad interesante”.

Nos fijamos en el “Moisés” de Miguel Angel”. Una obra extraordinaria. Se dice que, el autor la vió tan bien hecha, que la golpeó con la mano y le dijo: “habla”.   

Ese Moisés dentro de un pedazo de piedra impresionante. Para nosotros, dentro de aquella roca, había una forma. La de Moisés. Pero, desde una visión actualizada, en aquella pétrea masa, había infinidad de variadas formas. Aquella piedra podía dar de sí múltiples  posibilidades. Y nosotros pensamos que sólo una: Moisés.

Recordemos aquella frase de Arquímedes de Siracusa: “Dame un punto de apoyo, y moveré el mundo”. Y pensamos que el punto de apoyo tenía que ser inmensísimo para mover el mundo. Y resulta que lo “pequeño”, depende de cómo lo uses, puede mover lo enorme. Jesús, el de Nazaret, decía que el “grano de mostaza es de las semillas más pequeñas que existen, pero después crece y se convierte en un gran árbol en el que anidan numerosas aves.

Aquí adquiere sentido aquel pensamiento con el que comulgamos: “Si quieres cambiar el mundo, empieza por ti”. Y nos preguntamos: ¿a dónde vamos, solamente con eso? Pues sí.

En otra ocasión, luchaban dos samuráis en sus respectivos caballos. Entre ellos existe la idea de que, antes que te maten, es más digno destruirte a ti mismo.

Comenzó la lucha. Al tercer encontronazo, uno de ellos cae del caballo y se le suelta la espada. Va a por ella. Pero el otro, se le adelanta y la pisa, impidiéndole hacerse con ella para acabar sus días. Y, el vencedor, de pie, con una postura de dominio, le dice: “Ahora vas a gatear por entre mis piernas”. Y así lo hizo. Terminada la humillación, le dice su contrincante: “Has ganado tú. Has vencido la batalla más importante y difícil: la de tu propio orgullo. Felicidades”.

Para nosotros, la victoria era otra: la de ganar. Pero, ¿ganar en qué? ¿En fuerza? ¿En destreza? ¿En rapidez? Y resulta que hay triunfos que no entran en estas categorías, pero sí afectan a dimensiones más profundas y dignas del ser humano.

Y otro aspecto más. “Si quieres ser primero, sé el último”, leemos en los evangelios cristianos. Como queriéndonos decir, primero sé último, y después, como premio, te consideraremos primero. Hasta ahí llega nuestra lógica. Pero el sentido perfecto de esta propuesta es otra: “cuando comienzas a ser último, empieza en ti el ascenso. O no es empezar a vencer el liberarte de la comodidad, del orgullo, del protagonismo, etc… que lleva consigo el ser último”.

Bienvenida toda ayuda que nos abra la mente y transforme nuestro corazón.  

José Cruz Igartua

3 comentarios

  1. Pepa Prado Moral

    Como siempre me sorprendes. Me gusta. Gracias

    1. José Cruz Igartua

      Pepa: gracias por tu intervención. Resulta, es lo que te quiero decir, que cuando acudimos a la Sabiduría de los antepasados, es cuando en mejores condiciones nos encontramos para orientar el presente.

  2. Maria Jose

    Me quedo con «si quieres cambiar el mundo, empieza por ti», lo había escuchado mas veces y en otros ambientes, pero hoy, al leerla aquí, algo ha resonado en mi interior, y creo que es la clave, lo fundamental, y es mas, lo diría «si quieres cambiar el mundo, empieza aceptándote» y desde esa aceptación, es posible que el cambio en ti surja y luego todo vendrá rodado…

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