LA SABIDURÍA DE SIEMPRE: LA DEL MAESTRO

ESTAMPA 1

ESTAMPAS, SABOR A PAN

Esta página Web se va pareciendo a esas tiendas que solamente ofrecen pan, pero un montón de clases distintas. Todas pretenden lo mismo: alimentar. Y para ello, algo que merezca la pena. Algo que diga algo.
No sé si las “estampas” serán, o no, muchas. Saldrán, las que sean, de los evangelios de las eucaristías dominicales.


TEXTO DEL EVANGELIO: Lc 4,21-30

I n t r o d u c c i ó n

Si oímos: “hay que ser un cristiano como Dios manda”, nos parece correcto. Y si decimos: “hay que ser un cristiano como la Iglesia manda”, también estaremos de acuerdo. Pero, si decimos: “hay que ser un cristiano como la realidad manda”, entonces, empezaremos a sentir muchas preguntas, muchos pareceres, muchas aclaraciones, muchos acuerdos y muchos desacuerdos.

Y si Jesús se hizo hombre, ¿cómo se encarnó? Como nosotros, igual a nosotros en todo menos en el pecado. Como un judío del año 33 aproximadamente. Y ¿si naciese hoy? Nacería como un niño, como se dice, “con un ordenador bajo el brazo”.

De modo que ¿el lugar, el tiempo, la cultura, etc… nos condicionan a la hora de nacer? Sin género de duda, sí nos influyen.

Y, Por eso, hay que tener en cuenta cómo es la época en la que hemos nacido. No vaya a ser que pasemos la vida regando fuera del tiesto.

En otras palabras, que tenemos que tener en cuenta cómo es la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Hoy estamos en un mundo de cambio, de innovación, globalizado, científico-técnico. Y es importante que todas estas características las tengamos en cuenta, si queremos ser “sal de la tierra y luz del mundo”.

Hoy, nuestro ambiente, necesita humanos flexibles (en oposición al ostracismo), creativos (contrarios a la repetición constante), con una capacidad de tomar decisiones voluntariamente (no por la vía de la sumisión y la coerción), con una cualidad humana profunda desarrollada (no egoísta, ni superficial).

En esta eucaristía, vamos a descubrir en Jesús algunas de estas cualidades. De tal modo que, a pesar del tiempo, veremos en él a un Maestro digno de los momentos en los que estamos.

M e m o r i a l

Está un poco claro que, al poco de estrenar la etapa adulta de Jesús, le vemos enfollonado. Él se pone donde cree que tiene que estar: “Hoy mismo se ha cumplido delante de vosotros la Escritura”. “En mí y en lo que hago”. Naturalmente, algunos aplauden su valentía, y otros interrogan su arrogancia (“no es éste el hijo de José”).

El primer golpe. Pero Jesús no empieza a defenderse, sino que les ofrece dos razones que pueden alimentar el pensamiento de los que no le aceptan: “Seguramente, me aplicaréis el refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”. Da la impresión de que en el ambiente, va creciendo la sensación de que Jesús no estaba bien. De modo que, más que curar a otros, podría empezar curándose a sí mismo.

Segundo golpe: “y me diréis: Lo que oímos que hiciste en Cafarnaún, hazlo también aquí, en tu propia tierra”. Ciertamente, esto era un deseo de la gente, que se cumpliese también allí. “Realiza tus maravillosos gestos, también aquí”. “Danos el gusto”.

Cuando a uno le acusan, y el acusado ofrece otros motivos que pueden dar razón a los acusadores, se parece, volviendo a nuestros días, a aquellos que le podían decir a Jesús: “Y qué pasa ahora con el tema de las inmatriculaciones de la Iglesia”. Y él va, y responde: “Sí, y también me podríais acusar con el tema de la pederastia en mi Iglesia”.

Fijémonos en la densidad de Jesús y en su seguridad. Siente los golpes, pero no le desequilibran. Los golpes son fuertes, Pero sus convencimientos pesan más y aminoran el dolor de las “piedras”. Él tiene su Verdad que le clarifica y le fortifica.

Tanto es así, que Jesús les ayuda a ser compasivos, porque aún siendo del “pueblo elegido”, hay otros pueblos, que no son ellos, igualmente elegidos. No son los únicos.

Y esto les duele enormemente. Hasta el punto de que quieren acabar con él. Pero sin fallos. Lo suben al monte para arrojarlo abajo. “Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue”. A las claras.

Este es el “ser” de nuestro Maestro. El “ser” que quiere, también, para sus discípulos HOY.

José Cruz Igartua

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