XIII ENCUENTRO CON JESÚS MAESTRO INTERIOR

LA EXPERIENCIA DECISIVA DE DIOS VIVIDA POR JESÚS

INTRODUCCIÓN

La experiencia de Dios vivida por Jesús a la que nos queremos acercar y vivir, tiene relación con su Bautismo.

En la tradición cristiana, este sacramento ha estado unido con el llamado “pecado original” con el que nacíamos. El bautismo nos limpiaba ese “fallo de fábrica” que nos ha acompañado a todos, ya a la hora de nacer.

Y si un niño muere sin ser bautizado, ¿a dónde va? Porque, para entrar en el cielo, hay que estar limpio del todo. Y se nos ocurrió la idea del “limbo”. Esa “zona neutra” en la que nos vemos privados de la visión de Dios. “Cosas nuestras” podríamos decir.

Hay que recordar que este sacramento lo hemos recibido recién nacidos. Sin conciencia, y, a lo largo de nuestra vida, sin ninguna relación prácticamente con nuestro propio proceso. Lo importante era “estar bautizado”.

Gracias a una evolución en la visión de las cosas, inspirados, igualmente, por el sentido del tema de hoy, podemos afirmar, de entrada, que el bautismo es, por una parte, una experiencia interior, y, por otra, una revelación de nuestra propia identidad desde dentro.

Igualmente, el bautismo supone una toma de postura de nuestra parte. Jesús no va a Jerusalén, ni tampoco acude a una sinagoga a que le bauticen.  En el desierto ha surgido un movimiento nuevo, al margen de lo establecido, con Juan Bautista, un hombre curioso, pero que convence. Y Jesús apuesta por él.

Vamos, también nosotros, a ponernos en la fila.

ATRÉVETE A DEFINIRTE

En esta ocasión no queremos solo contemplar lo que aconteció con Jesús y el Bautista. Sino, también, experimentarlo y vivirlo en nuestro corazón.

Vamos a comenzar con nosotros mismos.

Veremos después, cómo Dios le hace ver a su Hijo, su propia identidad desde la perspectiva del Padre. Éste le confirma lo que Jesús ya va sintiendo de sí mismo. El Padre le da su conformidad con lo que Jesús va atisbando en su interior.

Nosotros también, vamos a entrar en nuestro interior. Si me tuviese que definir con una palabra o una frase, cuál sería. No es sólo cuestión de señalar una característica mía. Sino algo más personal, que destaca de manera clara lo que soy o cómo soy, o para qué soy.

A alguno le puede caer bien el calificativo de “leonés”. Porque es de León, y en el barrio se le conoce con esa denominación. A otro, le pueden señalar como el “cantador”, porque es un cantamañanas. A otro, el “aceitoso” porque suaviza los momentos ásperos.

NOMBRES QUE NOS DEFINEN:

Estos son:

. “Insignificante – Importante”.

. “Amando”.

. “Buscar, como el árbol: las raíces (lo profundo), el crecimiento (hacia arriba, la luz)”.

. “Cercanía”

. “Buscadora”, “Mendiga”.

. “Buena persona”

. “Hija de Jesús”, “Maestra de Dios”.

. “Aguila”.

. “Convocado”.)

LECTURA DEL EVANGELIO: Mc 1,7-11

I N T E R I O R I Z A C I O N

En aquel tiempo se vivía un ambiente de expectativa. Se trata de un tiempo nuevo: hay cambio en las mentes, se espera llegue algo diferente. Se huele a distinto.

Jesús no sigue tanto el impulso de la religión, sino de la espiritualidad.

Nos metemos en el interior de aquel hombre:

         . Mira su recogimiento,

                     su concentración.

         . No se siente distinto:

                     Pertenece a la gente del pueblo.

                     Le afectan los condicionamientos de los demás.

         . Se acerca a Juan. Se deja bautizar.

                     Fíjate en el talante de aquel hombre.

         . Cuando sale del río, tiene una iluminación:

                            “Tú eres mi Hijo querido”

                             “En ti me complazco”

         Una experiencia parecida a la de unos padres que miran por primera vez a su hijo recién nacido.

F I N A L:

Dios, qué te diría. Qué palabras usaría. Qué gesto utilizaría.

José Cruz Igartua

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